La cicatriz colonial se desgarra en el Otro, subalterno, racializado, condenado. Las secuelas de la diáspora africana han trazado una honda escisión a vibratos latentes. La violencia y sus repertorios interrumpen la regeneración de la herida, se enquista, intenta recomponerse en la naturaleza superviviente buscando alcanzar la integridad del tejido: ¡elemental reparación!
El buscar a los desaparecidos no cesa. El eterno presente en el que se enclava la esperanza de retorno justifica el gerundio. Buscando al familiar ausente pasan el tiempo de incertidumbre las familias que sobrellevan la latente pérdida. La acción no concluye, el tiempo les transcurre indagando rutas, testificando memorias, mapeando andares, hilando rumores; amplificando los gritos de auxilio que reverberan en el movimiento del Estero. En su cotidianidad muestra a sabedores y a quienes ejercen oficios cotidianos como la pesca o la búsqueda de la piangua, partes de lo fragmentado: la humanidad de jóvenes negros y la comunidad en su familia extensa.
Las buscadoras y los orishas remueven el pasado al tiempo que dignifican la memoria de sus seres queridos `ausentes-presentes´. Las características geomórficas y las dinámicas de la violencia en el terreno ralentizan el encuentro: las familias lo temen, el Estado rehúye.
Para las comunidades afrocolombianas asentadas en el territorio de Buenaventura, la búsqueda de los desaparecidos es comunitaria porque ha generado una serie de reproducciones que “designan, al menos en parte, el uso creativo de los discursos, los significados, los materiales, las prácticas y los procesos de grupo” (Wills, 1981, p. 458).
La colonialidad permite entender al Puerto de Buenaventura como un enclave de la economía-mundo capitalista en la región del Pacífico colombiano, pues fue a través del desarrollo de las ciudades portuarias o puertos con ciudades que el entramado del mundo colonizador instaló su capital productivo para reproducir, más tarde, dinámicas coloniales bajo una matriz que acentúa las condiciones de vulnerabilidad de los sujetos racializados, empobrecidos y marginados por sus identidades.
De tal modo, las administraciones estatales de la época coincidieron en ondear la bandera de “buen gobierno”, escondiendo tras la tela su intención y perpetuación colonial. La progresión del desarrollo del puerto, acentuada en la segunda mitad del siglo XX, transformó armazones de madera en una estructura moderna que condujo a declarar al puerto como el más importante del país. No obstante, el progreso de la infraestructura no significó un mejoramiento en la calidad de vida del territorio; al contrario, acrecentó las dinámicas de violencia en la zona circundante al puerto y ocasionó el desplazamiento de las familias que le habían ganado territorios al mar. Esta victoria les permitió a las familias alzar las viviendas palafíticas y originó el hito fundacional de la mal llamada comunidad de bajamar de Buenaventura.
Los terrenos ganados al mar constituyen la generación de lazos de comunidad en Buenaventura. El territorio guarda historias de migración y colonización; al mismo tiempo, los cimarronajes son piedra en el zapato que choca con los planificadores del puerto, quienes ven entorpecida su visión por la disposición de las casas instaladas al borde del mar.
La colonialidad de la naturaleza debe entenderse en el contexto de Buenaventura como un marco de las profundas relaciones que sus habitantes guardan con el territorio y cuyas simas dolorosas se concentran en el Estero de San Antonio. Los testimonios de las patidescalzas destacan la pérdida del Estero como un “lugar” (Escobar, 2010) en el que se solía tejer la experiencia comunitaria, en donde se adelantaba la recolección de la piangua, las lunadas y el ocio. Fueron las piangüeras, en la búsqueda del molusco, las que notaron los colgados y tocaron las infaustas bolsas con los cuerpos desmembrados.
El Estero como cuerpo natural y social ha sufrido alteraciones. El Estero en sí es resultado de la reproducción de las dinámicas de desarrollo; el Estero es una formación densa de agua y arena que no fluye y se acumula en las zonas laterales, que puede asociarse con el movimiento de motor de las embarcaciones, las cuales desplazan a las orillas partes de arenisca del cuerpo marítimo, formando zonas pantanosas y nuevos ecosistemas. El lodazal demuestra la filtración en la tierra del agua, una grieta, sedimentos en descomposición en donde, al tiempo, se renueva la vida en nuevos hábitats. El Estero es un área de transición de tierra a mar y de agua dulce a salada.
El Estero puede ser un punto nodal para transicionar a nuevos habitus, que reconfiguren los modos de saber, sentir y comprender la relación entre las comunidades de Buenaventura, sus prácticas culturales y las dinámicas del conflicto armado. Como afirma Yuderkys Espinosa, el Estero obliga a “tener la capacidad de viajar mundos, de abrir las ventanas en las que estamos encerradas para poder ver eso otro que nos ha ocultado la modernidad, y ver que sí hay posibilidad de hacerlo de otra manera, ahí está la esperanza (de la decolonialidad)” (Curiel, Espinosa & Mendoza, 2024, 26m 38s).
En este panorama, cobran sentido las palabras del filósofo y pedagogo Estanislao Zuleta (2021) al afirmar que “el derecho no es más que un mínimo, porque de nada sirven los derechos si no tenemos posibilidades” (Zuleta, 2021). Se trata entonces de garantizar el ejercicio del verbo. La narrativa que esbozan las decisiones judiciales enmarcadas en la Medida Cautelar debe constituir prácticas eficaces de participación y traspasar la abismal distancia entre las políticas multiculturales y la interculturalidad.
El proceso en sí, de búsqueda de desaparecidos en un cuerpo de agua que reposa sosteniendo en sus brazos los fragmentos de la humanidad arrebatada, es inédito, según ha reafirmado el conocimiento científico en las distintas diligencias. En esa medida, la experiencia aguarda en los años todo el tiempo que han asumido a mano propia las mujeres buscadoras de Buenaventura: ellas son quienes saben de las dinámicas del ecosistema, de los tiempos que deben planearse con cautela, no solo por el contexto de violencia, también por la particularidad que implica el movimiento del mar, conectado con geometrías astrales que solo ellas saben leer.
Ingenuamente, inicié esta investiracción considerando que las víctimas desplegaron y emprendieron la labor de crear e impulsar la instalación de complejos rituales y ceremonias por un grado de confianza que la JEP había sembrado. No creo que sea totalmente de ese modo, quisiera agregar un componente político de la emoción, que las víctimas han adoptado a su favor, valiéndose de la oportunidad que ha abierto la institucionalidad para establecer prácticas rituales que son un atisbo de lo que implica un real trabajo en red.
Asimismo, señalo el choque cultural que representó el encuentro de algunos magistrados, acostumbrados al trato hermético de la cultura occidental, con estas prácticas rituales de circularidad.
Ese vacío que separa la racionalidad técnico-científica de la racionalidad del saber comunitario, mágico, ancestral, fue vivenciado con total vigor durante las audiencias reseñadas a lo largo del texto. Dichas diligencias constituyeron la representación de las negociaciones entre los Grupos Peticionarios y entre la magistratura. Se comprobó las formas en las que los saberes se confrontaron con la pretensión de justicia. Deben entenderse como victoria de las víctimas y acción de cumplimiento en términos de justicia restaurativa que la JEP administró en el marco de la Medida Cautelar; sin embargo, su alcance no implicó garantizar las medidas de efectiva participación de las buscadoras y la comunidad. El proceso sigue.
El diseño del dispositivo del saber en la JEP se arraiga en un acto jurídico: decretar una decisión judicial que ordena la prohibición de cualquier intervención en el Estero San Antonio con el fin de iniciar las labores de búsqueda de los desaparecidos y evitar que las acciones de desarrollo del puerto obstaculicen el encuentro de los desaparecidos. Esto se debe a que puede ocurrir una tercera intervención que ponga en riesgo la búsqueda: la primera, realizada por el perpetrador; la segunda, por la dinámica del ecosistema, y la tercera, a causa de las modificaciones en la naturaleza para evitar que los barcos encallen en el Estero. Por ello, se requiere prontamente una labor de drenaje que no obstaculice la búsqueda.
La orden de la magistratura se justifica en el rigor científico de contar con las pruebas suficientes para comprobar la aseveración de que los cuerpos de los desaparecidos reclamados por las mujeres buscadoras se encuentran alojados en el Estero. Es la institución quien valida la verdad expuesta por las víctimas; la institución organiza narrativas y hechos de acuerdo con una premisa hipotética, sembrando a su paso la ilusión de apertura del canal ante la ley.
Siendo así, esta investiracción dio cuenta de que en Buenaventura se niega al desaparecido: la ausencia arrasa a su paso con la existencia de quien busca; el oficio de buscar se sostiene en la ausencia, y sin la validación de la ausencia, la existencia como víctima, como buscadora, como la madre que dejó de serlo, no es posible. La institucionalidad coloniza con categorías el ser que ha perdido a su amado.
La acción de negación del Estado ha sido igual a la desaparición misma. Las afirmaciones por parte de las autoridades, obligadas constitucional y legalmente a dar trámite a las noticias de las desapariciones, anularon el acceso al derecho de las víctimas con sentencias tan categóricas como siniestras: “ese no está desaparecido, ese negro lo que fue es que enrumbó la faena” (Nota de campo, mayo 2021, Bogotá).
Con la colonialidad del poder, del saber y del ser, se vislumbran atisbos de racismo estructural y de estigmatización de los oficios culturales de la comunidad negra de Buenaventura, donde la jornada de pesca fue renombrada faena, que es la actividad de sustento económico y de soberanía alimentaria, a partir de la cual se motivan intercambios relacionales y de práctica de comunidad a través de la circulación de alimentos producidos por la familia extensa: “yo te doy la papa china, tú me das la piangüa, alguito del pescado, y así vamos entre todos montando la olla” (Nota de campo, 2022, Cali).
De nuevo, esa negación de la institucionalidad del ser ausente apela a la médula del proceso de la desaparición. Porque no existe presencia más vívida para las familias de los desaparecidos que la de los ausentes. El desaparecido está presente y sobre él se pueden aplicar las categorías ontológicas. En Buenaventura, la desaparición forzada irrumpe las tradiciones ancestrales, por ejemplo, “la del ombligar”. Al desaparecido se le ausenta forzadamente de sus raíces, de la conexión con la naturaleza, con la fertilidad de la tierra que alimenta mediante plantas medicinales y frutos nutricionales en un ciclo infinito enlazado con el antepasado; el territorio no cesa en su llamado.
Si la colonialidad del poder es funcional para analizar el fenómeno de la desaparición forzada en el puerto de Buenaventura, el concepto de la colonialidad del saber permitió vislumbrar cómo la administración de justicia perpetúa las asimetrías de poder para la búsqueda, invalidando el conocimiento del territorio por no ser científico.
En la normativa y en el discurso, el trabajo de la JEP ha abierto un canal de comunicación inédito con la institucionalidad, al reglamentar la obligación constitucional de poner en el centro a las víctimas, partir de sus necesidades y adoptar enfoques que permitan reconocer su diversidad y la de los territorios mediante la aplicación de una perspectiva interseccional, trayendo consigo novedosas formas en el país como el declarar víctima a los territorios afectados por la guerra colombiana.
En tal sentido, el proceso de la Medida Cautelar involucró una dimensión evolutiva-creativa del modelo mental socialmente aceptado y compartido y, por lo tanto, estático de lo que significan los procesos judiciales. Los Grupos Peticionarios impulsaron la novedad reclamando un intercambio real de conocimientos. Si esta acción logra tener curso, podría modificar las reglas de interacción e incluso el orden social. En dicho espacio de nivel intergrupal, la construcción de relaciones conlleva comprender las percepciones del otro grupo, a reconocerle, de manera que, estratégicamente, se genera un ambiente de reconciliación para permitir la coexistencia dentro de un mismo sistema.
Se percibe una gran oportunidad en el desarrollo de las acciones propuestas para el estudio de la Medida Cautelar solicitada en el Estero de Buenaventura, en tanto podría construirse como modelo ejemplar de una política pública de reconciliación social, entendida como una acción colectiva de estrategias conducentes a la reconstrucción de un espacio social quebrado. Esa reconciliación partiría de la reformulación del sentido de la humanidad justamente desde la ausencia de la materia, desde el vacío del cuerpo por hallar. Además, implicaría una horizontalidad en el conocimiento, aportando un diálogo que descolonizaría para la búsqueda el saber.
La dignidad reclamada abona espacios de un sentido en común que a la larga se podría convertir en entornos de discusión crítica fundamentada en un pasado conflictivo y la esperanza de futuridades de bienestar, un ethos reconciliado con el tiempo y atento a las posibilidades presentes, cambiando la actitud de negación y resentimiento por el reconocimiento y la verdad, incluso, como propone Lederach, al punto de incluir la misericordia en los procesos de reconciliación[2] o, bueno, encontrar que “las víctimas no quieren reconciliación, eso lo quieren los perpetradores, las víctimas quieren saber dónde están los cuerpos para poder continuar con su vida” (Beristain, 2012, p. 131).
La Medida Cautelar del Estero San Antonio favoreció el flujo de narrativas experienciales y de saberes propios de las buscadoras y de los sabedores de artes y oficios de la región: piangueras, pescadores, orishas. Sin embargo, esta dinámica, lejos de resolver los problemas asentados por la ignorancia sistémica del Estado colombiano respecto a la situación de Buenaventura, reprodujo una confrontación entre el conocimiento científico emanado de la institucionalidad de la Jurisdicción o de las entidades técnicas que se encuentran a su respaldo, como la Unidad de Búsqueda de Personas Dadas por Desaparecidas y los saberes comunitarios y ancestrales; relegando a una mera figuración sus prácticas de conocimiento, cultura y ritualidad durante la composición del escenario en la justicia transicional. Se fetichizó el escenario ritual.
Aunque la hipnosis de la teatralidad en su expresión dramática resulte estratégica para la exposición del sentir en tanto permite gestar un aura emotiva que puede flexibilizar la ignominia institucional, por años manifiesta en el proceso de búsqueda de las personas desaparecidas forzadamente en Buenaventura; el llamado de esta investiracción es el de superar “la atracción de enfrentarse al horror y tener una teoría sobre él” (Derrida, 2017. p. 27). Para ello, se propone partir de la “inestabilidad esencial” (Derrida, 2017. p. 28) que nace en la relación con el otro en donde lo “performativo y constatativo, lenguaje y metalenguaje, ficción y no ficción, auto y hetero-referencia […] constituye el acontecimiento mismo, o sea, la obra, cuya invención perturba normalmente, si se puede decir así, las normas, los estatutos y las reglas” con el sentido de “transformar el mundo con valor” (Diario de campo, Buenaventura, 2020). Cicatriz deviene de la palabra griega eschara, que remite a hogar; el nombre de la causa (cicatriz) podría, en este proceso, estimular el efecto (curación-cura-cuidado).
La aspiración es evitar repetir estas actuaciones que refuerzan la matriz colonial y revictimizan a las víctimas y las organizaciones sociales. Se debe trazar una ruta de trabajo desde la interculturalidad en aras de fortalecer las capacidades de agencia que dinamizan los espacios democráticos. En ese sentido, y bajo una comprensión desde el enfoque institucionalista cognitivo, será posible seguir los procesos de toma de decisión de los actores involucrados en los hechos de desaparición forzada en Buenaventura, destacando aprendizajes colectivos en el orden social, político y organizacional a través de la clasificación de las experiencias narradas y provenientes de dimensiones lingüísticas-relacionales, socioculturales-simbólicas y materiales-sentidos.
Partiendo de la inspiración que provocó en mí lo expresado por mi tutora Ochy Curiel (2024) durante una sesión del grupo de estudio del Museo Afro queda claro con la investiracción que:
INDICE
“el tema de la Medida Cautelar haya sido la frustración, por ejemplo, la inactividad institucional. Entonces como decía Marcela, todo ese tema de la sistematización esta atravesado por el tema emocional y reducirlo a una dimensión sería desconocer que realmente la Medida Cautelar fue emocional en su momento dada por el contexto” (Atar Raya 1,23 de mayo de 2023, Buenaventura )

Investiracción elaborada por Pía Castiblanco Ávila, con la orientación de Ochy Curiel; Presentada a la Maestría de Estudios Culturales de la Universidad Nacional de Colombia, para optar por el título Maestra en Estudios Culturales
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Para ampliar esta visión, puede consultar el capítulo de Mesa Capital titulado ¿qué está pasando con la seguridad en Colombia? En el que dialoga la psicóloga y sanadora ancestral Yensis Bolaños sobre el contexto y la violencia que sucede en el pacífico colombiano junto a los expertos de seguridad Andrés Nieto e Isaac Morales de la Fundación PARES. Disponible en:
Una de las Madres por la Vida, al iniciar una reunión entre los Grupos Peticionarios, las JEP, y la Unidad de Búsqueda, propuso iniciar la reunión que en la JEP y en el marco del trámite de las Medidas Cautelares recibe el nombre de Mesas Técnicas, con un canción, que cantó y animó a las “señitos” es decir, a sus compañeras de búsqueda, a acompañarla con baile y aplausos.
La canción es:
Esta anécdota que en principio pareciera marcar un buen relacionamiento entre las entidades estatales y las Organizaciones Peticionarias, surge de hecho, ante el silencio de las buscadoras quienes habían solicitado que sus prácticas ancestrales fueran incorporadas en las Mesas Técnicas, lo que significaba en términos prácticos, incluir rituales al iniciar las sesiones con el sentido de llamar a los espirítus orishas para que guiarán el curso de la conversa.
Sin embargo, en esta ocasión, el malestar frente al retroceso de la construcción de un plan de búsqueda en el estero, las buscadoras no quisieron realizar ningún ritual.
La madre que sugirió reproducir la canción indicó: “Este es nuestro verdadero himno, nos recuerda cómo viviamos en la buena ventura, como llamabamos a nuestro territorio antes de que la violencia dañara nuestras prácticas ancestrales”
Esta premisa tiene eco en la publicación del medio de comunicación la Silla Vacía, en la que destacan a la lideresa Libia Grueso como “super poderosa de la organización social afro”. Puede consultar en línea a´ca:
Los súper poderosos de la organización social afro e indígena
Archivos como las “Actas de la comisión para las comunidades negras” que contienen las discusiones académicas en torno a la identidad afrocolombiana[1] a propósito de la Constitución de 1991:
https://www.dropbox.com/sh/b13mszlu227we8p/AACQRAJ3N1x8TmS2JYWnKr8Ma/document?dl=0&preview=IDENTIDA.DOC&subfolder_nav_tracking=1
Diarios de duelo de Roland Barthes. En el tiempo de mi tesis, la perra Simona Antonia falleció con 18 años y la gata Armonía con 15. Durante esos años convivimos e implicó un duelo importante que cruzó la escritura de la investiracción. Sumado al fallecimiento de mi abuela materna: María del Tránsito Aguirre en septiembre de 2024.
Revisar los trabajos de la cátedra Fals Borda, el grupo de trabajo de procesos y metodologías participativas de CLACSO y uno se sus seminarios, al que se puede acceder en el siguiente enlace: https://www.youtube.com/watch?app=desktop&v=W8bzPEgslvc. Y uno más, disponible en el siguiente enlace: www.youtube.com/watch?v=AVV4NDpREzs&t=674s
Se escribe este juego de palabras por que de acuerdo a lo expresado por las víctimas, el culto practicado por el grupo de víctimas que participa en la Medida Cautelar, es ocultado a causa de prohibiciones de los actores armados para realizar sus prácticas relacionadas con la concepción de la vida y la muerte, como el ritual de cuerpo ausente, cuerpo presente que se explicará más adelante.
De acuerdo a una de las peticionarias de Madres por la Vida, grupo peticionario de la Medida Cautelar, entiendo la familia extensa en Buenaventura como una red de vencindad, colaboración y solidaridad que arriga prácticas de beneficio común y marca sus comportamientos nutiricionales, culturales y de cuidado. El cocinar en conjunto, cuidar al hijo de mi vecina que al final, al criarse en conjunto, resulta en una familia extensa en número y extendida por el territorio.
Las referencias en corchete, hacen alusión a un dato relevante para la construcción de mi identidad, en línea a las categorías relevantes de esta investiracción. En ese caso, cuando mis padres se referían o aún se refieren a su tono de piel, lo describen como se describe en los corchetes, así se autodescriben o nombran
En la comprensión de las dinámicas de la familia extensa, las comadres son una red de colaboración entre mujeres que se reúnen alrededor de los que haceres domesticos, como puede serlo la cocina y también a compartir tiempo de disfrute como puede ser un baño en el pacífico, el canto o prácticas espirituales.
Miembro de las brigadas de paz, psicólogo actualmente consultor de DDHH. Su producción académica actualmente se centra el los efecto del proceso de paz con los grupos de autodefensa AUC https://www.peacebrigades.org/es/miembros-del-consejo-internacional. El concepto se escuchó en la sesión 6 del curso “Impactos de la desaparición de personas en el contexto de la violencia política y del conflicto” dictada por la Facultad de humanidades y ciencias sociales
Ver el informe “Estado general de la implementación del acuerdo de paz en Colombia” elaborado por el Centro de Pensamiento y diálogo político CEDIPO-CSIVI-FARC; los informes del Instituto Kroc asignado por el Acuerdo de paz epígrafe 6.3.2 como encargado de asistencia técnica para el monitoreo y cumplimiento del acuerdo de paz; igualmente los informes del CINEP, también asignado en los acuerdos de paz en el componente de internacional de verificación, en su informe se hace una mención muy pequeña a la citación de la audiencia (pp.225). Algunos análisis respecto a la aplicación del enfoque étnico se encuentran en las librerías virtuales de Verdad Abierta y un informe en PARES, sin embargo, ninguno trata el problema de investigación que se desarrolla en el presente texto.
Para profundizar, consultar el documental presentado durante la entrega de informe a la JEP por parte de la Fundación Nidya Erika Bautista y la organización Madres por la vida, disponible en la red social Facebook de la Fundación
Tal como testimonian varios exparamilitares vinculados al proceso de Justicia y paz, en especial del Bloque Calima, y por nombrar algunas de las versiones se encuentra la de HH. Esta información fue denunciada en principio por las víctimas en los documentos de solicitud de la medida cautelar presentados a la JEP, y expuesta por la FGN durante su exposición durante la audiencia.
Cada organización, configura su identidad y lucha política con diferentes eslóganes que pronuncian con vigor; así por ejemplo la Comisión Intereclesial de Justicia y paz, apoderados jurídicos de víctimas directas, integra al proceso la frase “sin olvido”. Por su parte el Movimiento Nacional de Crímenes de Estado, una de las organizaciones firmantes de la solicitud, recurren a la interjección “por nuestros desaparecidos…ni un minuto más de silencio.
Lucha política con diferentes eslóganes que pronuncian con vigor; así por ejemplo la Comisión Intereclesial de Justicia y paz, apoderados jurídicos de víctimas directas, integra al proceso la frase “sin olvido”. Por su parte el Movimiento Nacional de Crímenes de Estado, una de las organizaciones firmantes de la solicitud, recurren a la interjección “por nuestros desaparecidos…ni un minuto más de silencio.
Los términos han sido referenciados una y otra vez por las víctimas del territorio, de hecho, la-os abogada-os que hacen parte del trámite, así lo manifestaron durante la audiencia pública, disponible en el siguiente video. Las comillas obedecen a una trasliteración del informe del CNMH, Buenaventura: un puerto sin comunidad (pp. 229)
cita a Paul van Zyl, “Promoviendo la justicia transicional en sociedades postconflicto”, en Félix Reáte- gui (ed.), Justicia transicional: Manual para América Latina, Brasilia, Ministerio de Justicia, Comisión de Amnistía, Centro Internacional para la Justicia Transicional, 2011, p. 50. Disponible en:
https:// www.jep.gov.co/Sala-de-Prensa/Documents/Justicia%20Transicional%20-%20Manual%20ver- si%C3%B3n%20final%20al%2006-06-12.pdf
La organización Ilex, ha emprendido una labor de “justicia racial” relacionada con los datos de la población negra en Colombia, particularmente del Pacífico colombiano: https://www.opensocietyfoundations.org/voices/litigating-for-the-statistical-visibility-of-afrodescendants-in-colombia . Revisar por ejemplo los reportes en los siguientes medios:
https://caracol.com.co/emisora/2020/03/12/cali/1583972021_625146.html
Analizada por la CIDH en las audiencias públicas que siguen: “situación general de los derechos humanos en Colombia” (150ª período de sesiones); “situación de derechos humanos de las mujeres afrodescendientes en Colombia” (147ª período de sesiones); “Situación de derechos humanos de las mujeres en Colombia” (144ª período de sesiones) “situación de defensores y defensoras de derechos humanos en Colombia e implementación de medidas cautelares” (140ª período de sesiones). Disponibles en:
http://www.oas.org/es/cidh/audiencias/advanced.aspx?Lang=es.
El informe de país Colombia, “Verdad, justicia y reparación” aprobado por la CIDH el 31 de diciembre de 2013. Disponible en
http://www.oas.org/es/cidh/docs/pdfs/Justicia-Verdad-Reparacion-es.pdf).