“Vamos a iniciar una diligencia en favor de nuestros ancestros y ancestras. Les pido, les solicito a nuestros ancestros y ancestras, que nos den la sabiduría, la guía y el conocimiento, y que si son ustedes los que están allá, nos muestren el camino para que puedan ser recuperados y poder darles cristiana sepultura, pero sobre todo, curar ese dolor, y ese [sollozos] duelo suspendido por la ausencia de ustedes. Ilumínennos no solo a nosotros como familiares, sino también a los magistrados y a quienes tengan que ver con esta diligencia, para poder darle descanso a nuestro corazón y tener un lugar donde poderlos visitar” (Nota de campo, 2022, Bogotá).
Para las comunidades de Buenaventura, la desaparición forzada implica interrupciones en sus tradiciones ancestrales. La imposibilidad, por ejemplo, de continuar con los momentos que supone “el ombligar”. Al desaparecido se le arrebata forzadamente de sus raíces identitarias, de la conexión con la naturaleza, con la fertilidad de la tierra que alimenta mediante plantas medicinales y frutos nutricionales en un ciclo infinito, interconectando con los antepasados. El territorio no cesa en su llamado. El daño individual se hace colectivo; la familia extensa reconfigura sus sentidos de vida, y sus cantos alaban por encuentros, por hallazgos.
En el fenómeno de la desaparición forzada, el cuerpo ausente es un terreno de representación y de ocupación. La materia desaparecida contiene la verdad del suceso criminal. En la búsqueda, ese cuerpo ausente se ocupa por las representaciones de las madres, quienes los hacen presentes con narraciones, fotografías y canciones. La resistencia ante la desaparición es mantener viva la memoria. En tal sentido, la reparación debe apelar por rescatar las formas de memoria de las buscadoras y las comunidades.
De acuerdo con una de las representantes de Madres por la Vida, la espiritualidad de los pueblos negros “motiva a ser comunidad, a ser pueblo resistente y resiliente. Se unen las redes de solidaridad para la sanación de las violencias” (Notas de mi primer encuentro con las Madres por la Vida, sucedido en un hotel cerca de Corferias, Bogotá, en mayo de 2021). Para la población negra del Pacífico colombiano, las costumbres y rituales son parte de su identidad cultural, se realizan desde el nacimiento y están presentes a lo largo de la vida y también de la muerte.
“Las fases de la luna para siembra y cosecha, los rituales de nacimiento y muerte y el uso de los recursos del bosque para la medicina han ligado durante siglos a los pueblos del Pacífico con el territorio. La ‘ombligada’, por ejemplo, consiste en tratar el ombligo del recién nacido para marcar su destino de acuerdo con el producto con el que lo curan y lo sellan, y con el cual buscan dotar al ombligado de la fuerza del mundo natural y amarrarlo a su entorno” (Comisión de la Verdad, 2022, p. 43).
En ese sentido, las lideresas de Madres por la Vida afirmaron en el estrado de la audiencia de seguimiento de 2024:
“Nosotras vivimos de la espiritualidad y de la ancestralidad. Cuando ingresamos al territorio debemos hacerle una venia a nuestra Diosa Yemanyá, para ustedes la Virgen del Carmen. Ella merece respeto, es nuestra guía y bastón. Además, como madre, representa la fertilidad, la purificación, la maternidad, el origen de la vida. También está con los desaparecidos. Somos las sabedoras de nuestro territorio y, sin nosotras, es imposible encontrar restos” (JEP, 2024).
Las prácticas culturales en Buenaventura y la vitalidad de las familias que buscan a sus seres queridos desaparecidos se han perturbado. La expectativa habita las casas de los desaparecidos. La angustia se resguarda en el miedo. La angustia tensa la solicitud de la “Medida Cautelar de protección”, pues las familias ven a diario cómo los proyectos que abanderan la promesa del desarrollo arrasan con el cuerpo de agua del Estero San Antonio, en donde atestiguaron desde sus hogares cómo se depositaba la humanidad arrebatada. Por lo tanto, el territorio ancestral de Buenaventura requiere reparación.
Diego Madrid, defensor de derechos humanos, sostenedor y sabedor espiritual de las ciencias del pueblo negro del Pacífico colombiano, quien representa el Proceso de Comunidades Negras (PCN), uno de los 15 Grupos Peticionarios del Grupo 15+1, se refiere a la espiritualidad mencionando que:
“Hay que reconocer la esencia que somos; la esencia como pueblo es la espiritualidad. La búsqueda para las comunidades negras está ligada a unos principios y rituales que nos permiten conectar con el que no está. Ese conectar con el que no está tiene que ver mucho con las prácticas y, sobre todo, la comunidad negra, en medio de este conflicto, reconoce al territorio como víctima.
El pueblo negro, de manera oculta, tiene una forma espiritual que lo conecta con todo lo que existe, y creemos que los espíritus de los desaparecidos, la vida de los desaparecidos, nos permite encaminar la ruta […] Es una lucha de exigencia de reconocer nuestras formas espirituales de búsqueda. Nosotros hemos buscado desde la incidencia espiritual […] Hay un duelo colectivo, lo que hacemos en esta búsqueda y con este enfoque espiritual, precisamente, es poder sanar el duelo colectivo que vive la comunidad porque, si tocan a uno, nos tocan a todos” (JEP, 2024).
Tal como señalan las víctimas, líderes y lideresas, en el territorio de Buenaventura se han gestado diversos dispositivos de culto y prácticas ancestrales mediante los cuales el pueblo sostiene sus procesos de lucha y resistencia. Es decir, desde la espiritualidad del pueblo negro de Buenaventura, se reivindica y fortalece el trabajo político como comunidades resilientes a procesos históricos esclavistas y a las consecuencias derivadas del conflicto armado.
Esos dispositivos espirituales que se han enraizado como procesos culturales se adaptaron a los fines de la Medida Cautelar, en función de los principios de la justicia transicional de verdad, justicia, reparación y no repetición.
Por ejemplo, en agosto de 2022 tuvo lugar la aseguranza del territorio en el marco de la Medida Cautelar del Estero San Antonio, en las zonas de: (i) Ciudadela San Antonio; (ii) Antonio Nariño; (iii) San Francisco; (iv) Punta del Este; (v) Espacio Humanitario de Puente Nayero; (vi) San José o Sanyú; y (vii) Parque Central. Los escenarios de aseguranza permitieron que las instituciones del Sistema Integral de Paz tuvieran un primer acercamiento con comunidades sin procesos previos de articulación, y que tienen como elemento común ser víctimas del conflicto armado.
En el marco de la Medida Cautelar, la aseguranza del territorio hizo parte integral del proceso de protección y búsqueda en el Estero San Antonio. Este proceso se articuló complementando los saberes técnicos de los profesionales del Sistema Integral para la Paz (SIP) que ejercen esta labor. Las aseguranzas permitieron la colaboración entre los equipos territoriales de la JEP y la UBPD, quienes prepararon de manera conjunta los escenarios pedagógicos y acordaron la financiación de estas actividades.
La Medida Cautelar abrió un espacio para reflexionar y adaptar los repertorios culturales. Al iniciar las Mesas Técnicas, se estableció el primer cruce entre el mundo espiritual negro y la justicia institucional: la realización de rituales de armonización, llamamiento ancestral, invocación a los orichas y a los espíritus de los desaparecidos para que aterrizaran en el presente, se manifestaran y guiaran las discusiones.
En ese sentido, Marcela Giraldo, del Grupo 15+1, explicaba durante la Mesa Técnica enfocada en la restauración, desarrollada en el año 2020:
“Hacer la búsqueda pasa por recuperar lo que el Estero significa. Parte de lo que sería reparador es que se recupere el sentido que había tenido el espacio para las y los peticionarios, y a su vez, generar un reconocimiento de esos sentidos e identidades que han sido atropellados… La propuesta psicoespiritual tiene ese enfoque restaurativo, va enfocado hacia allá, un ejercicio de encontrarnos con lo externo. Bajar en una lancha sobre el Estero, en una canoa, y organizar un tiestero con comida. Allí surgirán las preguntas: ¿por qué eso?, y las conexiones con el territorio emergen, y las experiencias locales se vuelven protagonistas”.
El Grupo 15+1 llamó su propuesta psicoespiritual: “Mujeres y hombres huellas en el manglar, entre raíces ancestrales y práctica de pianguar” (Nota de campo, 2020, Cali).
Estas nociones hibridan lo histórico, lo mágico espiritual, lo ancestral y el conocimiento. En los Grupos Peticionarios, las identidades son móviles, hibridan entre víctimas, lideresas, psicólogas, antropólogos, trabajadores sociales e historiadores. Por ello, en una Mesa Técnica, una de las víctimas afirmó:
“Nosotros no solo somos peticionarios, no solo somos víctimas, no solo líderes, también tenemos capacidades técnicas, y hemos venido hablando. Aquí no es solo de la lectura de lo ancestral, de lo empírico; también es técnico, en el sentido de la familiaridad con algunos temas” (Nota de campo, 2021, Cali).
En ese marco, el Grupo 15+1 enfatizó la necesidad de comprender que la reparación, de acuerdo con el respaldo constitucional, garantiza la activa incidencia y conocimiento de las víctimas en los procesos que se adelantan para la búsqueda. Adriel Ruíz Galván, del Grupo 15+1, quien era sacerdote y ahora es un reconocido líder social, defensor de derechos humanos y director de la Capilla de la Memoria de Buenaventura (espacio en el que realizamos la Atar Raya 1), explicaba que:
“La caracterización debe contar con marcos conceptuales construidos por las y los peticionarios, que no se limiten a lo antropológico y geográfico. Además, debe incluir de manera integral las necesidades de las víctimas… Acompañar los procesos de búsqueda desde las prácticas ancestrales/espirituales” (JEP, 2024).
Al avanzar el proceso, desde el año 2020 hasta diciembre de 2021, fecha en la que se citó la primera audiencia y fue decretada la Medida Cautelar, se fue componiendo un Grupo Psicoespiritual. En espacios autónomos, las y los sabedores adaptaban prácticas rituales para la búsqueda y los procesos judiciales.
“Se requiere una reunión de nosotros, los brujitos, para romper barreras. Comprender quién es quién más allá de las representaciones o las organizaciones, comprender las motivaciones para persistir en la búsqueda. En Buenaventura hay muchos desaparecidos, pero pocos buscadores. Entonces, esos espacios les permiten conocerse y fortalecerse: ‘yo soy porque somos’, encontrarse como buscadores”.
Para luego pasar a la “sanación colectiva”, señalaba Diego Portocarrero, del Grupo 15+1.
Al margen de las reuniones del Grupo Psicoespiritual, Marcela Giraldo, del Grupo 15+1, quien hoy, evidenciando la hibridez de las actividades de las lideresas, se encuentra vinculada a la Unidad de Búsqueda de Personas Desaparecidas, señala:
“Aquí hay saberes propios del territorio que se conocen, y se sabe que se puede hacer el intento de buscar, porque antes de que naciera la Medida Cautelar, antes de que se gestara todo esto, en Buenaventura ya había buscadores y buscadoras, sí, buscando a sus seres queridos con las pocas herramientas con las que contaban en ese momento. Creo que este logro es muy importante; es una puerta que se ha abierto. Pero estamos dando la pelea para que se nos siga dando la participación activa y efectiva a las víctimas en ese Plan de Búsqueda, y especialmente para la búsqueda en el Estero San Antonio” (UBPD, 2022).
Ese plan de atención y protección psicoespiritual para la búsqueda y la disposición del Estero incluyó diversas acciones que me permito enumerar y congregar:
De las Mesas Técnicas en las que participé y con relación al enfoque psicoespiritual, pude organizar las siguientes premisas:
La Medida Cautelar en la JEP tuvo que anclarse a la espiritualidad del pueblo negro afrocolombiano. El equipo psicoespiritual ampliado reclamaba evidenciar el daño espiritual que causa la desaparición forzada; este debe ser reconocido en los pronunciamientos que realice la JEP.
Durante una de las Mesas Técnicas, el equipo psicoespiritual destacó algunos objetivos del acompañamiento psicosocial, espiritual y cultural:
Frente a la Jurisdicción Especial para la Paz, la espiritualidad del pueblo negro, afrocolombiano y la desaparición forzada, el equipo psicoespiritual ampliado coincide en señalar la importancia de evidenciar el daño espiritual que causa la desaparición forzada; este debe ser reconocido en los pronunciamientos que realice la JEP.
Estas pautas se nutrieron, según comprendo yo, a partir de la diferencia entre dos de los tres Grupos Peticionarios. Según mi análisis, cada uno sumó una perspectiva a la construcción del enfoque psicoespiritual que identificó en dos bloques, así:
Madres por la Vida incorporó la mirada de género, ellas han trabajado la “pedagogía del amor” que posicionan de manera política con la frase “los buscamos porque los amamos”. Luz Dary Santisteban enunciaba las siguientes palabras en las que se plasma esta práctica de sostén y acompañamiento en los duelos compartidos:
“Vamos a montarnos en la barca, en la barca de la búsqueda, por ese niño que está viendo, Elegüa, que en cabeza de este magistrado se encuentren a los desaparecidos, cerramos los ojos y vamos a navegar mar afuera, ese mar profundo que nos va a llevar a la bahía donde vamos a sentir la brisa suave de Elegüa, pero también de Yemanyá para que sea ella quien abra las coordenadas, que sea ella, Dios Padre Supremo, dando las directrices, para poner el horizonte de estas y estos desaparecidos.
Lucidez donde están, para dar forma a los palenques, donde están las negras, los indígenas y mestizos. ¿Por qué no remar con un sentido de ese abrazo de juntanza, de apapachao, de sentirse con ese otro, con esa otra, ese abrazo que quizá al levantarse no recibió, pero que aquí donde está, estas ancestras lo van a recibir, ese calor humano, ese calor de hermandad sea búsqueda, de esa sabiduría, en cada una de esas orillas que representa.
Necesita un deseo, un abrir de puertas abiertas, un abrir de buenos deseos, de quitar los obstáculos, que pueda haber una paz interior, que necesitamos una mente lúcida para responder al mensaje para estas vidas que añoran ser encontradas.
Llamamos a toda la potencia africana, llamamos a las cosmovisiones de los hermanos indígenas, al sol de esa luna que ayer feneció, que demostró que, aunque el sol quería oscurecerla, ella en su ponencia de mujer no oscureció, y es tan fuerte ella.
¿Por qué no llamar también a las estrellas, a los duendes de la vida, que cuidan esa laguna, que están reclamando justicia? ¿Por qué no llamar la menstruación de la madre tierra que es el petróleo, que por ello han sido desaparecidos muchos hermanos en el Putumayo, esos indígenas que han cuidado la selva, pero también el dolor de parto que tiene la madre tierra, la Mamapacha que le llaman? ¿Por qué no sentimos el quejido de ella, que se hizo sentir?”
¿Por qué no la respetamos? Porque ahí está el ombligo de cada persona viviente que está ausente, en un lugar donde no deberían estar, donde hoy no deberían estar. Como autoridad mayor, invocamos a las ancestras que están en las montañas para que nos ayuden a visibilizar como las águilas, y abrir el tercer ojo que nos falta, para entender la naturaleza, la espiritualidad y lo que es visible e invisible. Invocamos al ángel de la protección, a ese ángel que desde el nacimiento de cada uno que está viviendo, estuvo acompañando del mandato del creador del universo” (Nota de campo, 2022, Bogotá).
Para continuar caracterizando la pedagogía del amor que impregna la búsqueda de las Madres por la Vida, Laura Rosa Vélez manifestó a la magistratura:
“La asociación Madres por la Vida trabaja desde la pedagogía del amor y la trabajamos no mirando si es víctima ni victimario, sino si es un ser humano. Trabajamos el área psicoespiritual o el mal llamado brujería o magia religiosa; se llama psicoespiritual para que lo puedan entender el resto de las comunidades que no son negras.
Para nosotros es la espiritualidad, basándonos en estas prácticas ancestrales y tradicionales heredadas por nuestros y nuestras muertos. Nosotras somos mujeres buscadoras, pero fuera de ser mujeres buscadoras, hemos ejercido el liderazgo y la defensa de los derechos, no solamente de las mujeres, sino también de cualquier género, no solamente étnico, sino también de nuestro territorio.
Solo solicitamos que ustedes como personas, como seres humanos que tienen corazón, trabajen y puedan entender que para nosotras, mujeres buscadoras, la espiritualidad nos mantiene vivas, equilibrando nuestros dolores. Seguir siendo madres, vecinas y mujeres cuidadoras no ha sido una tarea fácil, porque muchas también han sido víctimas de la violencia sexual, la estigmatización, el señalamiento, el llamarnos brujas porque fumamos tabaco, porque manejamos las hierbas o porque simplemente le decimos a la institucionalidad: ‘Mi hermano en un sueño me dijo que estoy en una palma’, indicando cómo lo asesinaron” (JEP, 2024).
El Grupo 15+1 incorporó esa visión de la lucha comunitaria del pueblo negro, ahincada en la resistencia a prácticas coloniales y en la conformación de procesos culturales de lucha y de reivindicación de derechos como comunidades negras. Diego Fernando Puertocarrero Madrid, perteneciente al Proceso de Comunidades Negras (PCN), que está adjunto a los peticionarios del Grupo 15+1 en la Medida Cautelar, manifestaba a la magistratura y a la audiencia:
“De acuerdo a las tradiciones de pensamiento indígena y de las comunidades negras rurales y urbanas, se puede afirmar que la espiritualidad es el mundo de los espíritus, es decir, de las energías que son el fundamento de lo que existe. En este sentido, todos los elementos de la naturaleza, vegetales, animales y minerales, el cosmos y el espíritu; por lo tanto, no hay separación entre los materiales y lo denominado espíritu porque lo primero, que es la materia, comprende la energía del espíritu y expresa las diversas formas de la materia.
Además, la espiritualidad es el fundamento de la identidad que se ha construido y recreado en la historia particular de cada uno de los pueblos negros e indígenas, porque es lo que le da sentido a la existencia. En otras palabras, lo que motiva y produce para vivir en paz en nuestros territorios.
En la medida de los daños que se han generado frente al conflicto armado, hemos identificado algunos como estos: ruptura de la relación con los lugares sagrados por impedimento al acceso a tales lugares, por ejemplo, cuando se pusieron minas antipersonales en dichos espacios o se prohíbe la movilidad; por lo mismo, cuando no se permite circular libremente por lugares simbólicos como el Estero San Antonio, el parque o el lugar de baño, que es la manera donde las personas frecuentan para recrearse; interrupción o impedimento de la creación, de la creencia de las comunidades para transmitir los impactos y realizar los duelos o el no permitir la realización de las prácticas tradicionales del ritual mortuorio, generando angustia permanente, pérdida de la solidaridad y deterioro de la vida colectiva; ruptura con el mundo de los espíritus protectores del Estero y la vida de quienes lo usan para la cultura social, productiva, entre otros” (JEP, 2024).
Al analizar los intereses, sentires y prácticas de las víctimas y su identidad dentro de la construcción de paz, esta, la identidad, se atomiza en unidades heterogéneas y conflictivas (Grimson, A., 2011). Por otra parte, al estudiar sus “modos de ser” se requiere comprender que las identidades no solo son múltiples, al mismo tiempo, resultan cambiantes, móviles e hibridan. Un aspecto adicional exige una mirada que identifique intereses de manera paralela a los contextos territoriales, para integrar la hibridación de la identidad, símbolos, estrategias y factores que dotan de particularidades al conflicto en Buenaventura y a la forma en que este se percibe, constituyendo una marea de influjos y la recreación de su cultura para posicionarse políticamente.
Estas posibilidades participativas constituyen intersecciones en donde se refuerzan percepciones, identidades, convicciones que pasan por la tensión y, según la capacidad y alcance del proceso, conllevaron a la promoción de formas conjuntas, narrativas y conexiones; en sí mismo, a un proyecto compartido de reparación y restitución del derecho a la búsqueda.
INDICE
“el tema de la Medida Cautelar haya sido la frustración, por ejemplo, la inactividad institucional. Entonces como decía Marcela, todo ese tema de la sistematización esta atravesado por el tema emocional y reducirlo a una dimensión sería desconocer que realmente la Medida Cautelar fue emocional en su momento dada por el contexto” (Atar Raya 1,23 de mayo de 2023, Buenaventura )

Investiracción elaborada por Pía Castiblanco Ávila, con la orientación de Ochy Curiel; Presentada a la Maestría de Estudios Culturales de la Universidad Nacional de Colombia, para optar por el título Maestra en Estudios Culturales
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Para ampliar esta visión, puede consultar el capítulo de Mesa Capital titulado ¿qué está pasando con la seguridad en Colombia? En el que dialoga la psicóloga y sanadora ancestral Yensis Bolaños sobre el contexto y la violencia que sucede en el pacífico colombiano junto a los expertos de seguridad Andrés Nieto e Isaac Morales de la Fundación PARES. Disponible en:
Una de las Madres por la Vida, al iniciar una reunión entre los Grupos Peticionarios, las JEP, y la Unidad de Búsqueda, propuso iniciar la reunión que en la JEP y en el marco del trámite de las Medidas Cautelares recibe el nombre de Mesas Técnicas, con un canción, que cantó y animó a las “señitos” es decir, a sus compañeras de búsqueda, a acompañarla con baile y aplausos.
La canción es:
Esta anécdota que en principio pareciera marcar un buen relacionamiento entre las entidades estatales y las Organizaciones Peticionarias, surge de hecho, ante el silencio de las buscadoras quienes habían solicitado que sus prácticas ancestrales fueran incorporadas en las Mesas Técnicas, lo que significaba en términos prácticos, incluir rituales al iniciar las sesiones con el sentido de llamar a los espirítus orishas para que guiarán el curso de la conversa.
Sin embargo, en esta ocasión, el malestar frente al retroceso de la construcción de un plan de búsqueda en el estero, las buscadoras no quisieron realizar ningún ritual.
La madre que sugirió reproducir la canción indicó: “Este es nuestro verdadero himno, nos recuerda cómo viviamos en la buena ventura, como llamabamos a nuestro territorio antes de que la violencia dañara nuestras prácticas ancestrales”
Esta premisa tiene eco en la publicación del medio de comunicación la Silla Vacía, en la que destacan a la lideresa Libia Grueso como “super poderosa de la organización social afro”. Puede consultar en línea a´ca:
Los súper poderosos de la organización social afro e indígena
Archivos como las “Actas de la comisión para las comunidades negras” que contienen las discusiones académicas en torno a la identidad afrocolombiana[1] a propósito de la Constitución de 1991:
https://www.dropbox.com/sh/b13mszlu227we8p/AACQRAJ3N1x8TmS2JYWnKr8Ma/document?dl=0&preview=IDENTIDA.DOC&subfolder_nav_tracking=1
Diarios de duelo de Roland Barthes. En el tiempo de mi tesis, la perra Simona Antonia falleció con 18 años y la gata Armonía con 15. Durante esos años convivimos e implicó un duelo importante que cruzó la escritura de la investiracción. Sumado al fallecimiento de mi abuela materna: María del Tránsito Aguirre en septiembre de 2024.
Revisar los trabajos de la cátedra Fals Borda, el grupo de trabajo de procesos y metodologías participativas de CLACSO y uno se sus seminarios, al que se puede acceder en el siguiente enlace: https://www.youtube.com/watch?app=desktop&v=W8bzPEgslvc. Y uno más, disponible en el siguiente enlace: www.youtube.com/watch?v=AVV4NDpREzs&t=674s
Se escribe este juego de palabras por que de acuerdo a lo expresado por las víctimas, el culto practicado por el grupo de víctimas que participa en la Medida Cautelar, es ocultado a causa de prohibiciones de los actores armados para realizar sus prácticas relacionadas con la concepción de la vida y la muerte, como el ritual de cuerpo ausente, cuerpo presente que se explicará más adelante.
De acuerdo a una de las peticionarias de Madres por la Vida, grupo peticionario de la Medida Cautelar, entiendo la familia extensa en Buenaventura como una red de vencindad, colaboración y solidaridad que arriga prácticas de beneficio común y marca sus comportamientos nutiricionales, culturales y de cuidado. El cocinar en conjunto, cuidar al hijo de mi vecina que al final, al criarse en conjunto, resulta en una familia extensa en número y extendida por el territorio.
Las referencias en corchete, hacen alusión a un dato relevante para la construcción de mi identidad, en línea a las categorías relevantes de esta investiracción. En ese caso, cuando mis padres se referían o aún se refieren a su tono de piel, lo describen como se describe en los corchetes, así se autodescriben o nombran
En la comprensión de las dinámicas de la familia extensa, las comadres son una red de colaboración entre mujeres que se reúnen alrededor de los que haceres domesticos, como puede serlo la cocina y también a compartir tiempo de disfrute como puede ser un baño en el pacífico, el canto o prácticas espirituales.
Miembro de las brigadas de paz, psicólogo actualmente consultor de DDHH. Su producción académica actualmente se centra el los efecto del proceso de paz con los grupos de autodefensa AUC https://www.peacebrigades.org/es/miembros-del-consejo-internacional. El concepto se escuchó en la sesión 6 del curso “Impactos de la desaparición de personas en el contexto de la violencia política y del conflicto” dictada por la Facultad de humanidades y ciencias sociales
Ver el informe “Estado general de la implementación del acuerdo de paz en Colombia” elaborado por el Centro de Pensamiento y diálogo político CEDIPO-CSIVI-FARC; los informes del Instituto Kroc asignado por el Acuerdo de paz epígrafe 6.3.2 como encargado de asistencia técnica para el monitoreo y cumplimiento del acuerdo de paz; igualmente los informes del CINEP, también asignado en los acuerdos de paz en el componente de internacional de verificación, en su informe se hace una mención muy pequeña a la citación de la audiencia (pp.225). Algunos análisis respecto a la aplicación del enfoque étnico se encuentran en las librerías virtuales de Verdad Abierta y un informe en PARES, sin embargo, ninguno trata el problema de investigación que se desarrolla en el presente texto.
Para profundizar, consultar el documental presentado durante la entrega de informe a la JEP por parte de la Fundación Nidya Erika Bautista y la organización Madres por la vida, disponible en la red social Facebook de la Fundación
Tal como testimonian varios exparamilitares vinculados al proceso de Justicia y paz, en especial del Bloque Calima, y por nombrar algunas de las versiones se encuentra la de HH. Esta información fue denunciada en principio por las víctimas en los documentos de solicitud de la medida cautelar presentados a la JEP, y expuesta por la FGN durante su exposición durante la audiencia.
Cada organización, configura su identidad y lucha política con diferentes eslóganes que pronuncian con vigor; así por ejemplo la Comisión Intereclesial de Justicia y paz, apoderados jurídicos de víctimas directas, integra al proceso la frase “sin olvido”. Por su parte el Movimiento Nacional de Crímenes de Estado, una de las organizaciones firmantes de la solicitud, recurren a la interjección “por nuestros desaparecidos…ni un minuto más de silencio.
Lucha política con diferentes eslóganes que pronuncian con vigor; así por ejemplo la Comisión Intereclesial de Justicia y paz, apoderados jurídicos de víctimas directas, integra al proceso la frase “sin olvido”. Por su parte el Movimiento Nacional de Crímenes de Estado, una de las organizaciones firmantes de la solicitud, recurren a la interjección “por nuestros desaparecidos…ni un minuto más de silencio.
Los términos han sido referenciados una y otra vez por las víctimas del territorio, de hecho, la-os abogada-os que hacen parte del trámite, así lo manifestaron durante la audiencia pública, disponible en el siguiente video. Las comillas obedecen a una trasliteración del informe del CNMH, Buenaventura: un puerto sin comunidad (pp. 229)
cita a Paul van Zyl, “Promoviendo la justicia transicional en sociedades postconflicto”, en Félix Reáte- gui (ed.), Justicia transicional: Manual para América Latina, Brasilia, Ministerio de Justicia, Comisión de Amnistía, Centro Internacional para la Justicia Transicional, 2011, p. 50. Disponible en:
https:// www.jep.gov.co/Sala-de-Prensa/Documents/Justicia%20Transicional%20-%20Manual%20ver- si%C3%B3n%20final%20al%2006-06-12.pdf
La organización Ilex, ha emprendido una labor de “justicia racial” relacionada con los datos de la población negra en Colombia, particularmente del Pacífico colombiano: https://www.opensocietyfoundations.org/voices/litigating-for-the-statistical-visibility-of-afrodescendants-in-colombia . Revisar por ejemplo los reportes en los siguientes medios:
https://caracol.com.co/emisora/2020/03/12/cali/1583972021_625146.html
Analizada por la CIDH en las audiencias públicas que siguen: “situación general de los derechos humanos en Colombia” (150ª período de sesiones); “situación de derechos humanos de las mujeres afrodescendientes en Colombia” (147ª período de sesiones); “Situación de derechos humanos de las mujeres en Colombia” (144ª período de sesiones) “situación de defensores y defensoras de derechos humanos en Colombia e implementación de medidas cautelares” (140ª período de sesiones). Disponibles en:
http://www.oas.org/es/cidh/audiencias/advanced.aspx?Lang=es.
El informe de país Colombia, “Verdad, justicia y reparación” aprobado por la CIDH el 31 de diciembre de 2013. Disponible en
http://www.oas.org/es/cidh/docs/pdfs/Justicia-Verdad-Reparacion-es.pdf).